El
escritor Pedro Salinas (Madrid, 1891 – Boston, 1951) es reconocido mayormente
por su labor poética. Sus libros La voz a
ti debida y Razón de amor se
cuentan entre los poemarios amorosos más importantes del siglo XX compuestos en
la lengua de Cervantes, y así se enseña en todos los libros de texto de
escuelas e institutos de España.
Lo
que apenas suele mencionarse es que una parte nada desdeñable de su producción
literaria se dedicó al teatro. Llegó a escribir catorce piezas, y,
curiosamente, todas ellas han sido olvidadas. Y decimos «curiosamente» porque
son breves y fácilmente representables. Además, a pesar de pertenecer a la
corriente poética y simbolista, su estilo es llano y comprensible por todos los
públicos.
En
1957 se publicaron en un único libro, bajo el título de Teatro completo, trece de sus catorce obras dramáticas. Y, habiendo
nosotros encontrado y leído dicho volumen, nos ha parecido justo poner en
nuestro humilde blog unas notas, a manera de resúmenes, a fin de despertar el
interés de los que, siendo admiradores de Salinas, desconocían su faceta de
autor teatral.
La
obra que va al principio del volumen se titula La fuente del arcángel y es una de las más características. Trata
el tema del despertar de los sentimientos, en particular del sentimiento
amoroso. Transcurre en Alcorada, un pueblecito de Andalucía. Allí dos niñas,
Estefanía y Claribel, se están educando bajo la atenta mirada de su tía Gumersinda.
Una de las cosas que más disgusta a Gumersinda es que a la fuente en frente de
su casa, dedicada al arcángel san Miguel, ejerza alguna mala influencia sobre
las niñas, ya que a tal fuente acuden parejas de novios y tradicionalmente se
le atribuía el favorecer a los enamorados. Será a mediados de la obra cuando un
sacerdote, el padre Fabián, arqueólogo aficionado, le descubra el porqué de
ello: la estatua, en realidad, no es de san Miguel, sino de Eros, que se había
cristianizado. Paradójicamente, esto ocurre el mismo día que las niñas asisten
al espectáculo de un mago itinerante, uno de cuyos trucos consiste en hacer
creer a Claribel que es Teodora (la actriz que se casó con el emperador romano
Justiniano), lo que deja tan fascinada a la niña que, al final, la estatua del
arcángel la llama y se la lleva.
Caín o una gloria científica es otra de las obras de más peso. Recrea el relato bíblico de Caín y Abel, aunque de manera
peculiar: el profesor Abel Leyva está trabajando en algo muy importante, pero
sumamente peligroso, y teme que se use para el mal. Cuando el dictador que
gobierna su nación lo fuerza a concluir la investigación porque va a estallar
la guerra, Abel, pensando en las terribles consecuencias que acarreará el fruto
de su trabajo para el género humano y, en particular, para su hijo —que está
próximo a nacer— manda a su hermano Clemente que lo mate, cosa que este hace.
Judit
y el tirano
es otra recreación de un relato bíblico —el de Judit y Holofernes—. Es también
una de las obras más largas. Narra la aventura de una escritora llamada Judit,
que ha decidido matar al regente que tiraniza su patria: un individuo extraño
al que se ve muy poco en público y que tiene una vida muy reservada. Con la ayuda
de una mujer del servicio se cuela en la casa del regente para cometer el
atentado, mas, al ver cómo es y cómo vive, parece que queda fascinada por él,
hasta el punto de evitar el atentado que otro grupo había planeado para aquella
noche. El regente queda muy agradecido y también se enamora de Judit, cuyo amor
lo transforma, y ambos traman escapar del país. Paradójicamente, cuando van a
poner por obra sus proyectos, unos agentes del propio regente, que no lo
conocían en persona, como lo ven con Judit —que era considerada subversiva—, lo
matan al creer que algo malo se traían entre manos.
El director es, sin duda, la obra teatral más importante, densa y
profunda de Salinas —y la más larga—: trata de una mecanógrafa que encuentra
trabajo en una misteriosa empresa, a cuyo frente está un no menos misterioso
director (que, por sus palabras, parece que es Dios o quizás el destino). Por
dicha empresa pasan varias personas de vida gris que buscan la felicidad, a las
cuales se les concierta un encuentro «casual» en un hotel de campo, y allí se
enamoran unos de otros. La mecanógrafa cree que así serán felices aquellos
desdichados, pero se percata de que el gerente del establecimiento, que es
colaborador del director, está tratando de impedir que los amantes realicen su
deseo (ya que dos de ellos estaban casados y habían planeado escaparse con los
que habían conocido en el hotel). Habla con el director, quien defiende al
gerente, insistiendo en que el gerente y él son íntimos, como una única persona
y que no lo puede traicionar. Añade, además, que las personas que van a
escaparse no saben lo que es la felicidad, pero que él (y por ende, el gerente)
sí lo sabe. No obstante, la mecanógrafa sigue convencida de que el gerente está obrando
torticeramente, por lo que acaba matándolo; y, cuando lo mata, ve que el que
cae es el director.