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miércoles, 8 de enero de 2025

NI ESCRITORES NI LECTORES... ¡LECTOAUTORES!


La frontera entre escritor y lector se ha ido borrando por obra y gracia de Internet y las redes sociales.

Hasta hace no tantos años, aun después que se popularizara el uso de Internet, lo más normal era que la gente leyera lo que otros —los escritores— escribían. Esos escritores eran literatos o periodistas y publicaban en papel —y, en época más reciente, de forma digital— para un público que se limitaba a comentar lo que leía con sus allegados o, a lo más, se atrevía a enviar alguna carta al escritor (¿quién no recuerda la sección de cartas al director de los periódicos impresos?). La posibilidad de entablar un diálogo o aun una discusión con el escritor quedaba limitada, por lo general, a otros escritores, que disponían de los medios adecuados para interrelacionarse. A los simples lectores tal cosa les estaba vedada.

Pero, a medida que Internet se ha ido desarrollando y, sobre todo, a medida que las redes sociales se han convertido en parte de nuestra vida, la distancia que separaba al escritor del lector se ha reducido hasta casi desaparecer, porque es cada vez más frecuente que el segundo no se limite a leer al primero en el cibersitio en que escribe, sino que le haga también comentarios más o menos extensos en el espacio allí predispuesto para ello.  Y, si el escritor le responde, se puede entablar entre ambos una larga conversación digital y, si a ambos les da la gana, hasta una discusión…; de suerte que ya somos lo que los anglosajones han dado en llamar wreaders (writters-readers, o lectoautores en español). Y, comoquiera que los algoritmos de esos cibersitios favorecen a quien más interactúa (dándole más visibilidad en el propio cibersitio), animan a interactuar más, con lo que no es de extrañar que las discusiones digitales se vuelvan el pan nuestro de cada día, ni que se difundan informaciones falsas o sin la debida confirmación con la única intención de desencadenar polémicas. Algunos claman contra tales prácticas, pero quizás no sean sino la consecuencia inevitable de haber pasado de escritores y lectores a lectoautores, ya que los progresos y las transformaciones, de cualquier clase que sean, tienen sus consecuencias positivas y negativas (como dice muy bien el refrán castellano, «quien coma la carne que roa el hueso»).



sábado, 8 de junio de 2024

LOS MEMES DE SETANTÍ


Los aforismos de Joaquín Setantí se prestan a servir de memes.

Joaquín Setantí (1540-1617) fue militar, filósofo y escritor español, cuya fama se debe principalmente a sus aforismos, que se publicaron en 1614 junto a los de Benedicto Arias Montano. Estos aforismos consisten en conjuntos de dos versos endecasílabos en que se expresa una idea o consejo al lector u oyente; pero, ¡ojo!, no son pareados, porque los versos no tienen ningún tipo de rima.


Por ejemplo:


«Toda la tierra por destierro cuenta

y no serás de vida codicioso ».


Como vemos, en el texto se nos invita a considerar nuestra existencia como un destierro, y el mundo como el lugar de dicho destierro, para que no ambicionemos vivir mucho tiempo más que el que ya hemos vivido.

Y parecido, por el tema, es este otro, en el que, recordando la brevedad de la vida, se exhorta al lector a que, si desea alcanzar fama y poder, no procrastine:


«Si has de llegar a lo más alto, aguija,

porque el camino es camino es largo, el tiempo corto».


Ni que decir tiene que estos breves textos, acompañados de un dibujo apropiado, encajan muy bien en el concepto de meme, que tan de moda se ha puesto a causa de las redes sociales. Así, nosotros mismos hemos publicado en las nuestras unos cuantos, como los que siguen:







Una casual pero, al fin y al cabo, magnífica combinación de lo pasado y de lo presente.



viernes, 3 de noviembre de 2023

LO LITERARIO DE REFLEXIONAR SOBRE LA LITERATURA

 

Escribir sobre la literatura o sobre una obra literaria puede convertirse en literatura si se emplean imágenes o giros propios de los escritores y no de los meros críticos.


La literatura no solo se produce al escribir novelas, dramas o poemas.

También un artículo publicado en un periódico —o actualmente en una ciberpágina o en un blog— que trate de literatura en general o de alguna obra en particular se puede convertir en un texto literario.

¿A quién no le suenan frases como estas?: «Los personajes que ha creado fulano en tal o cual libro son reflejo de las pasiones humanas más arraigadas y vehementes. El dolor lo permea todo y la tristeza se siente —casi se palpa— en el ambiente, y el lector no puede evitar que ese dolor lo invada»; «pocos escritores como mengano pueden jactarse de forjar metáforas tan acertadas, tan potentes, tan vívidas» o «zutano lleva la escritura a un nuevo ámbito, en el que se mezcla lo personal, lo espiritual y lo social».

¿No estamos componiendo poesía en prosa cuando decimos tales cosas? La reflexión sobre el fruto de la escritura, las técnicas narrativas, los artificios estilísticos, las influencias que se notan en la obra y aun sobre el mero acto de escribir se convierte así también en literatura; y ello porque el artículo no será una mera crítica o análisis, sino una creación propia de quien reflexiona, que transmite la emoción y hasta la pasión que le han infundido lo que previamente ha leído. Al hacer tal clase de reflexiones, por tanto, la obra sobre la que tratamos nos habrá servido de inspiradora de una nueva obra —el artículo—, aunque cae de cajón que no de la misma manera que los clásicos grecolatinos a los clásicos españoles de los siglos XVI y XVII, como Fray Luis de León.



domingo, 2 de abril de 2023

ÉRASE UNA VEZ... LA SUERTE QUE TIENES

 

Internet ha facilitado la búsqueda de información. A la hora de escribir un libro sobre algo que aconteció hace siglos se cometerán, por tanto, menos errores

   

Érase una vez una época en que no existía Internet.

Y, si querías ambientar una historia en alguna de las campañas de Tutmoses III, no tenías más remedio que acudir a las enciclopedias de las bibliotecas, o a algún libro especializado que por casualidad hubiera en ellas.

Y, si vivías en una gran ciudad, puede que tuvieras suerte. Pero, si vivías en una ciudad pequeña, era muy probable que la información que encontraras no fuera suficiente para lo que planeabas escribir.

Y, aun viviendo en la gran ciudad, era muy probable que esa enciclopedia o ese libro te remitiesen a otros textos que no tuvieses a la mano.

¡Y podías acabar cometiendo errores históricos! Tu obra podía salir como el Don Carlos de Schiller.

 

***

Piénsalo. ¡Qué suerte tienes hoy en día!

Aprietas un botón y hallas todos esos textos.

Más: no solo hallas las campañas de este o aquel faraón, sino también cómo eran los carros, cómo la infantería, cómo las casas. Hay información por doquier.

Puedes adornar tu obra con todo tipo de pormenores.

El trabajo de documentación se ha reducido mucho con respecto a aquel tiempo que érase una vez y ya no es.