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jueves, 17 de septiembre de 2026

¿CUÁL SERÁ EL GÉNERO LITERARIO POR EXCELENCIA EN LO FUTURO?


Si la novela es el género literario de nuestro tiempo, ¿el microcuento lo será de lo futuro?


Dizque cada época histórica tiene su género literario preferido, y que hoy lo sea la novela no es, ni mucho menos, casual: su auge está estrechamente ligado a la Reforma protestante, que defendía que cada creyente pudiera leer la Biblia por sí mismo; con lo que se favoreció la alfabetización del pueblo y, a la par, una mayor intimidad de la experiencia religiosa. En lo literario, esto significó no solo que se restase importancia a la tradición oral (que había convertido al teatro y a la poesía cantada o recitada en los géneros dominantes), sino también que se generalizase un tipo de lector que hasta entonces no era frecuente: el individuo que, en solitario, podía entregarse durante horas y horas a la lectura de extensos relatos.

Curiosamente, lo mismo que favoreció el auge de la novela parece estar causando su declive: las implicaciones económicas de la ética protestante han desembocado en la obsesión por la productividad y, en consecuencia, en el consumismo atroz, lo que se ve en todos los campos, incluidos el científico y el artístico. Así hemos acabado atrapados en un círculo vicioso: queremos consumir todo lo que se produce, pero apenas disponemos de tiempo, por lo que en este mundo tan frenético dedicar semanas a una novela de mil páginas empieza a convertirse en rara avis.

Y es en estas circunstancias en las que el microcuento surge como «un arma cargada de futuro», por parafrasear a Gabriel Celaya; pues, si la novela reflejaba una forma de vida que el siglo XXI está relegando al olvido, el microcuento se funda en la lógica de la inmediatez y de la atención fragmentaria. Es un género literario para ser leído a ratos: un poco en el autobús de camino al trabajo, un poco en un descanso durante el trabajo, un poco en otro descanso más tarde…, sin que las pausas signifiquen la pérdida del hilo conductor de la historia que se está leyendo. Podría hasta considerarse la transposición del mundo de las redes sociales, con sus vídeos cortos y memes, al mundo de la literatura: piezas rápidas, intensas y que buscan atraer al público de forma instantánea, pero con una clara contrapartida: su fugacidad.



viernes, 17 de enero de 2025

LA GRAN HISTORIA PERDIDA DE LA HUMANIDAD


Es un tópico decir que la mayor parte de la historia humana se ha perdido al no haberse escrito.

Dado que la escritura comenzó hace 3000 o 4000 años, pudiera parecer que la mayor parte de lo que hizo el ser humano antes de esas fechas se ha perdido irremediablemente. Esta idea (o similar), que difunden a trote y moche las redes sociales, se ha convertido en una especie de tópico de la gente culta, que se ha convencido de que, en el fondo, a pesar de los progresos de las ciencias, no sabemos nada de nuestros antepasados más remotos ni de cómo se desenvolvieron las primeras civilizaciones, que no por ser las primeras serían pocas en número.

Pero eso no es verdad... O no es verdad del todo.

Indudablemente, sobre los hechos anteriores a los que se hallan documentados solo cabe hacer conjeturas basándonos en restos arqueológicos; pero no debemos olvidar que para los hombres primitivos, aun durante muchísimos siglos después de inventarse la escritura, lo importante era la tradición oral.

¿Y qué queda de la historia más primitiva en la tradición oral? Los mitos.

Por lo general, suele creerse que los mitos son narraciones fabulosas que tratan de explicar el origen del mundo o de los fenómenos naturales; pero estos son solo una parte. Otros cuentan complicadas historias de peleas y amores entre dioses y hombres (en las que se mezclan fundaciones de reinos y ciudades e instauración de costumbres y aun de prácticas médicas); y es muy probable que los mitos de esta segunda clase recojan, aunque corrompida por el paso de boca en boca durante milenios, esa parte de la historia que se considera perdida. Así, por ejemplo, es muy creíble que el dios egipcio Osiris fuera uno —o varios— de los reyes más importantes de aquellas épocas, el cual llevó a su pueblo a cotas de progreso desconocidas hasta entonces y que por eso se lo divinizó, y lo mismo debió de ocurrir con Zeus y con buena parte de los dioses de los griegos, asirios y babilonios, cuyas vidas, llenas de episodios novelescos, hacen pensar en hombres que existieron realmente. Así hasta lo entendieron algunos de la Edad Antigua, como el filósofo del siglo IV a. C. Evémero de Mesina (quien escribió una obra, La inscripción sagrada, en la que relata un viaje a una isla imaginaria en la que se descubre que los reyes de dicha isla habían sido las divinidades del panteón griego, a quienes, en agradecimiento por sus magníficos reinados, se los había divinizado) y el autor de la Crónica de Paros (donde se ponen hasta fechas a varios de esos acontecimientos, algunas coincidentes con los cálculos de la arqueología); y así lo sostuvieron también los padres de la Iglesia, como san Agustín en su célebre obra La ciudad de Dios.



domingo, 24 de diciembre de 2023

DE LIBRO A LIBRO

 

La evolución del libro, desde las tabillas y el pergamino hasta la actual forma, plantea la pregunta de cómo serán los libros dentro de muchos años.


Hoy lees un relato de forma digital en tu ordenador o en una tableta.

Y te acuerdas de tu niñez, en la cual leías las historias en libros de papel publicados por alguna editorial.

La historia del libro es larga. Recuerdas que en la escuela te enseñaron que los antiguos mesopotámicos comenzaron a escribir en tablillas, que los siguieron los egipcios escribiendo en rollos de papiro, y que los griegos sustituyeron el papiro por el pergamino.

Hasta la Edad Media el libro no comenzó a parecerse a lo que tú leías de pequeño (objetos rectangulares formados por páginas apiladas una tras otra). Y, por fin, en el siglo XV se inventó la imprenta y así publicar libros fue más fácil.

Y te preguntas: ¿qué ocurrirá dentro de cien o doscientos años? ¿Qué forma tendrán los libros? ¿Acabarán acaso implantándonos las historias en la memoria, como le implantaban a Keanu Reeves en Matrix los cursos de lucha o a Arnold Schwarzenegger en El sexto día los hechos de su vida pasada?