miércoles, 30 de septiembre de 2026

LA HABITACIÓN QUE PODÍA NO HABERSE CERRADO


Reflexiones sobre las contradicciones del cuento La habitación cerrada.

La habitación cerrada es un relato del escritor norteamericano August Derleth, presentado como una colaboración póstuma con su amigo de H. P. Lovecraft. En la historia, un tal Abner Whateley regresa al pueblo de Dunwich, en Massachusetts, para encargarse de la mansión de su abuelo, Luther Whateley, que ha fallecido hace poco. En la mesa de la cocina el anciano le ha dejado una carta en la que le recomienda que destruya totalmente la parte de la casa que da al molino (la parte correspondiente a la habitación cerrada del título, habitación donde había residido hasta su muerte Sara, otra hija de Luther y hermana de la madre de Abner). También le dice que mate cualquier cosa viva que encuentre en dicho lugar, sin importar su tamaño o forma. Abner entra en la habitación, y allí, junto con restos de carne cruda, un hedor asqueroso y gran desorden, se tropieza con un pequeño sapo al que no da ninguna importancia y lo deja escapar.

Más tarde comienzan las muertes de animales y personas. Hablando con parientes, leyendo cartas y notas de su abuelo y periódicos antiguos, Abner descubre que Sara había sido encerrada poco después de haber visitado a unos parientes de la familia en Innsmouth, relacionados con la secta de Dagón, y que en lo pasado también se habían repetido las muertes de animales y personas en Dunwich. Al final, comprende que el anfibio que había dejado escapar no era sino uno de los extraños personajes del universo literario de Lovecraft, engendrado por Sara con uno de aquellos parientes de Innsmouth. Racionando la cantidad de comida que recibía el sapo se evitaba que aumentase de tamaño, por manera que, cuanto más comía, más crecía.

Gracias a su elaborada prosa, Derleth imprime al relato un tono casi policiaco y consigue mantener el interés del lector hasta el final. La única pregunta que queda por responder es la siguiente: ¿por qué Luther le manda a su nieto que destruya la parte de la casa que da al molino y mate todo lo que hay en ella? ¿Por qué no lo había hecho él cuando escribió la carta? Además, como se ha apuntado, parece que, hasta el día de su fallecimiento, el viejo había seguido llevando carne cruda a la habitación para que comiera el monstruo… ¿Por qué no dejó de alimentarlo a fin de que pereciera?

¿Tal vez porque el monstruo era su nieto y le daba pena? Pero en ese caso, ¿no le producía pena mandarle a Abner que lo matase?



jueves, 17 de septiembre de 2026

¿CUÁL SERÁ EL GÉNERO LITERARIO POR EXCELENCIA EN LO FUTURO?


Si la novela es el género literario de nuestro tiempo, ¿el microcuento lo será de lo futuro?


Dizque cada época histórica tiene su género literario preferido, y que hoy lo sea la novela no es, ni mucho menos, casual: su auge está estrechamente ligado a la Reforma protestante, que defendía que cada creyente pudiera leer la Biblia por sí mismo; con lo que se favoreció la alfabetización del pueblo y, a la par, una mayor intimidad de la experiencia religiosa. En lo literario, esto significó no solo que se restase importancia a la tradición oral (que había convertido al teatro y a la poesía cantada o recitada en los géneros dominantes), sino también que se generalizase un tipo de lector que hasta entonces no era frecuente: el individuo que, en solitario, podía entregarse durante horas y horas a la lectura de extensos relatos.

Curiosamente, lo mismo que favoreció el auge de la novela parece estar causando su declive: las implicaciones económicas de la ética protestante han desembocado en la obsesión por la productividad y, en consecuencia, en el consumismo atroz, lo que se ve en todos los campos, incluidos el científico y el artístico. Así hemos acabado atrapados en un círculo vicioso: queremos consumir todo lo que se produce, pero apenas disponemos de tiempo, por lo que en este mundo tan frenético dedicar semanas a una novela de mil páginas empieza a convertirse en rara avis.

Y es en estas circunstancias en las que el microcuento surge como «un arma cargada de futuro», por parafrasear a Gabriel Celaya; pues, si la novela reflejaba una forma de vida que el siglo XXI está relegando al olvido, el microcuento se funda en la lógica de la inmediatez y de la atención fragmentaria. Es un género literario para ser leído a ratos: un poco en el autobús de camino al trabajo, un poco en un descanso durante el trabajo, un poco en otro descanso más tarde…, sin que las pausas signifiquen la pérdida del hilo conductor de la historia que se está leyendo. Podría hasta considerarse la transposición del mundo de las redes sociales, con sus vídeos cortos y memes, al mundo de la literatura: piezas rápidas, intensas y que buscan atraer al público de forma instantánea, pero con una clara contrapartida: su fugacidad.