La habitación cerrada es un relato del escritor norteamericano August Derleth, presentado como una colaboración póstuma con su amigo de H. P. Lovecraft. En la historia, un tal Abner Whateley regresa al pueblo de Dunwich, en Massachusetts, para encargarse de la mansión de su abuelo, Luther Whateley, que ha fallecido hace poco. En la mesa de la cocina el anciano le ha dejado una carta en la que le recomienda que destruya totalmente la parte de la casa que da al molino (la parte correspondiente a la habitación cerrada del título, habitación donde había residido hasta su muerte Sara, otra hija de Luther y hermana de la madre de Abner). También le dice que mate cualquier cosa viva que encuentre en dicho lugar, sin importar su tamaño o forma. Abner entra en la habitación, y allí, junto con restos de carne cruda, un hedor asqueroso y gran desorden, se tropieza con un pequeño sapo al que no da ninguna importancia y lo deja escapar.
Más tarde comienzan las muertes de animales y personas. Hablando con parientes, leyendo cartas y notas de su abuelo y periódicos antiguos, Abner descubre que Sara había sido encerrada poco después de haber visitado a unos parientes de la familia en Innsmouth, relacionados con la secta de Dagón, y que en lo pasado también se habían repetido las muertes de animales y personas en Dunwich. Al final, comprende que el anfibio que había dejado escapar no era sino uno de los extraños personajes del universo literario de Lovecraft, engendrado por Sara con uno de aquellos parientes de Innsmouth. Racionando la cantidad de comida que recibía el sapo se evitaba que aumentase de tamaño, por manera que, cuanto más comía, más crecía.
Gracias a su elaborada prosa, Derleth imprime al relato un tono casi policiaco y consigue mantener el interés del lector hasta el final. La única pregunta que queda por responder es la siguiente: ¿por qué Luther le manda a su nieto que destruya la parte de la casa que da al molino y mate todo lo que hay en ella? ¿Por qué no lo había hecho él cuando escribió la carta? Además, como se ha apuntado, parece que, hasta el día de su fallecimiento, el viejo había seguido llevando carne cruda a la habitación para que comiera el monstruo… ¿Por qué no dejó de alimentarlo a fin de que pereciera?
¿Tal vez porque el monstruo era su nieto y le daba pena? Pero en ese caso, ¿no le producía pena mandarle a Abner que lo matase?

