En
sus obras dramáticas, William —Guillermo— Shakespeare combinó la prosa y el
verso. A diferencia de sus contemporáneos, los clásicos españoles del Barroco,
que usaban diferentes estrofas (con rima, por tanto) según la situación
dramática, y reservaban la prosa para las cartas que leían los personajes, el
autor inglés no fue tan comedido en la utilización de aquella; y, además, en
cuanto a la métrica, se valió principalmente del verso blanco. Por eso, en el
aspecto formal, sus obras recuerdan más a las que se hacían en España durante
el Romanticismo.
El
verso blanco usado por Shakespeare era el pentámetro yámbico. Estaba formado
por cinco pies dobles de una sílaba no acentuada (o) y otra acentuada (-) en la
forma
o-,
o-, o-, o-, o-
Y
que en español vendría a ser algo así como lo que sigue:
«Tendrás
las duras penas pronto, ya».
«¿Quién
sabe, gentes malas, dónde vais?».
«No
quiero nada vuestro; no, no más».
«Mirad:
muy cerca está la puerta azul».
Esta
clase de verso suena a endecasílabo; aunque usarlo habitualmente en nuestro
idioma sería labor harto dura, ya que las palabras españolas son más largas que
en inglés y, además, las nuestras suelen ser llanas.
A
este respecto, las más de las traducciones de Shakespeare se han hecho en prosa —con
excepción de las partes correspondientes a las cancioncillas que introducía en
las historias—. No obstante, a finales del siglo XIX, la Biblioteca clásica
publicó ocho volúmenes de teatro selecto del gran dramaturgo, a cargo de
Guillermo Macpherson y Eduardo Benot, que, al traducir del inglés, respetaron
las partes en prosa y las partes en verso del original, empleando endecasílabos
blancos para sustituir los pentámetros yámbicos.
El tomo I incluía El rey Lear y Sueño de una noche de verbena.
El tomo II, Ricardo III, Macbeth y Julio César.
El tomo III, Otelo, Romeo y Julieta y Hamlet.
El tomo IV, Coriolano, La tempestad y El mercader de Venecia.
Los tomos V y VII, Antonio y Cleopatra, Timón de Atenas, Un cuento de invierno,
Troilo y Crésida, El rey Juan y Medida por medida.
El tomo VI, Cimbelino, Las alegres comadres de Windsor y La fiera domada.
El tomo VIII, Como os gusta y Enrique IV (partes I y II).
Hoy
en día estos volúmenes se hallan gratis digitalizados en Internet, por lo que
cualquier interesado o curioso puede leerlos y comprobar el acierto de la traducción.
Es
de suponer que algunos dirán que, al trasladar una obra de un idioma a otro y
luego versificarla, se pierde fidelidad con respecto al texto original. No
obstante, se puede replicar que, en tal caso, lo que se busca es otro tipo de
fidelidad: que la obra le suene al lector —o espectador— hispanohablante de la
manera más parecida a cómo suena a los oídos del público anglohablante al que
estaba destinada.